viernes, 17 de noviembre de 2017

Cementerios de París: Père Lachaise y Montparnasse. Agosto 2017

París tiene catorce cementerios y el hecho de que reciban millones de visitantes al año no es, en absoluto, un indicativo morboso. El arte funerario ha sido muy importante en todas las culturas y el dolor producido por la pérdida de los seres queridos fue una de las primeras expresiones artísticas.

Monumento central de Père Lachaise
De los catorce cementerios hay tres muy famosos: Père Lachaise, Montparnasse y Montmartre. Sólo visité los dos primeros. Para el próximo viaje me comprometo a visitar Montmartre.

El genio del sueño eterno de Daillion. Cementerio de Montparnasse

El cementerio de Père Lachaise ocupa una superficie de 44 hectáreas y está situado en el distrito 20 de París, en la calle del Reposo. A principios del siglo XIX sanear la ciudad de París era una necesidad. Por ello se proyectaron varios cementerios, dispersados por toda la ciudad. En 1804, el cementerio se inauguró con la inhumación de una niña de cinco años.

Père Lachaise





Se proyectó como un jardín inglés extendido sobre una colina y ha sufrido varias ampliaciones. Al principio la gente no quería venir a enterrarse aquí porque, en el siglo XIX, esta zona estaba a las afueras de París. La solución que encontraron las autoridades fue trasladar restos de famosos y enterrarlos allí. Por ese deseo que tenemos de emular a los famosos, que no es un capricho del siglo XX, la gente empezó a utilizarlo.


Las calles del cementerio están flanqueadas por árboles centenarios y, a menudo, los parisinos pasean y se sientan a leer un rato o simplemente descansan allí antes del descanso eterno. El día que lo visité el tiempo acompañaba. No pudo ser más adecuado. Llovía sin parar, a veces fuerte y otras veces una lluvia fina que calaba igual. Calabobos que en francés se dice crachin.

Tumba de Edith Piaf

Visitamos las tumbas más famosas pero lo que me más me sorprendió, gratamente, fue ver tumbas de diferentes religiones y nacionalidades compartiendo la eternidad. Los ocupantes de tumbas masónicas, católicas, judías, ateas…, parecen no tener ningún conflicto en “convivir”. Una gran diferencia con los vivos.

María Callas

La de María Callas es una de las tumbas más visitadas. En realidad, sus cenizas están en un pequeño columbario y si no estás muy atenta no te das cuenta de que está ahí.


El monumento a los españoles muertos por la libertad me emocionó mucho. Republicanos españoles deportados, caídos al lado de las tropas aliadas, en el maquis o fusilados tienen allí el recuerdo que no tienen en España.


La tumba de Jim Morrison, también de las más visitadas, tenía unas figuritas de cerámica blancas encima: un pájaro, un angelito, un corazón. Y antes de llegar a ella se pasa por un panel lleno de chicles pegados, que no sé qué significa.

Jim Morrison

Encontré algunas tumbas con pequeñas piedras encima. Me contaron una vez que los judíos, al visitar las tumbas de sus seres queridos, suelen depositar una pequeña piedra encima. Queda así constancia de que no le olvidan y eligen poner piedras en lugar de flores porque las piedras no desaparecen tan rápidamente y el duelo por la muerte tampoco. Parece que esta costumbre se ha extendido a todo tipo de enterramientos.


En esta tumba también había piedrecitas. No es una persona famosa. Era una joven de 21 años que murió en el atentado de Bataclán, en noviembre de 2015. Había flores también, figuritas de cerámica y una virgen que habían depositado allí sus inconsolables. Y también una inscripción esculpida en la lápida, como una eterna pregunta circular sobre la estupidez de la muerte prematura imposible de responder: Whereisnow.



Simone Signoret e Ives Montand estuvieron casados más de treinta años y su relación fue muy apasionada. Para lo bueno y para lo malo. Infidelidades, peleas y reconciliaciones marcaron el ritmo de su vida. Sin embargo, decidieron enterrarse juntos. Quizá como símbolo de su amor eterno o quizá para seguir peleando por toda la eternidad. Ya he dicho que el día que lo visité llovía y no podía haber mejor escenario ni mejor luz para escuchar Les feuilles mortes que el de aquel día gris y desapacible frente a la tumba de estos dos grandes artistas y amantes.

Simone Signoret e Ives Montand. Les feuilles mortes


Terminamos la visita con la tumba de Abelardo y Eloísa, los primeros famosos en ser enterrados allí. Puede que no sean muy conocidos aquí, pero su historia de amor sí que nos suena. Abelardo fue un filósofo, teólogo y poeta nacido en 1079. En 1115 conoció a Eloísa, sobrina de un canónigo. Se convirtieron en amantes en secreto y tuvieron un hijo al que llamaron Astrolabio. Aunque Abelardo tenía intención de casarse con Eloísa, el canónigo se vengó de la afrenta castrándole. Así que Abelardo decidió hacerse monje en Saint-Denis y que también Eloísa entrase como monja en Argenteuil. Siguió dedicado a la filosofía, las ciencias y a sus enseñanzas igual que hizo Eloísa, considerada como la primera mujer intelectual de Occidente. Consta que Eloísa escribió música y poesía, aunque nos ha llegado muy poco.

Abelardo y Eloísa

Se conservan también algunas cartas de la extensa correspondencia que los amantes mantuvieron durante toda su vida. Fueron trasladados a Père Lachaise en 1817 y su tumba fue diseñada por Alexandre Lenoir.

Cementerio Montparnasse y Torre de oficinas

Montparnasse fue el segundo cementerio que visité. Se abrió en 1824 y tiene una extensión de 19 hectáreas. Está situado sobre el terreno de tres antiguas granjas de las que subsiste un pequeño molino catalogado como Monumento Histórico.

Cementerio de Montparnasse y molino

Quizá porque el día era más soleado no me dio la sensación de melancolía que impregna a Pére Lachaise. Es un cementerio más austero, menos monumental aunque también tiene sus tumbas peculiares y una poderosa reputación entre la bohemia parisina.

Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre
La primera tumba que encontré casi sin buscarla fue la de Simone de Beauvoir junto a su inseparable Sartre. Y como es preceptivo, dejé como memento mori un ticket de metro. La lápida está cubierta de besos de carmín pero yo no me atreví a tanto.

Familia Charles Pigeon

Más sorprendentes me resultaron dos tumbas. Una de ellas fue la de la familia de Charles Pigeon. Pigeon era un comerciante y hombre de negocios que inventó una serie de lámparas, de quinqués que funcionaban con gasolina pero eran mucho más seguros que los anteriores. En 1905, encargó esta tumba para que albergase a dieciocho miembros de su familia, incluida su esposa. Es una cama de tamaño natural en la que están los dos esposos custodiados por un ángel. Él parece anotar algo en un libro de contabilidad y ella tiene una cara de “mortal” aburrimiento. Claro que si los dieciocho miembros de la familia fueron sus hijos, no me extraña que la pobre señora prefiriese estar descansando. Felices para siempre.


De la otra tumba que me sorprendió no he podido encontrar ninguna información. Es muy moderna, de acero inoxidable y está adornada con unas flautas de las que cuelga un móvil y siluetas paseando y jugando. No sé de quién será; no sé qué significado tendrá.

Para Ricardo de Niki de Saint-Phalle
Para Jean-Jacques de Niki de Saint-Phalle

En el cementerio de Montparnasse hay dos tumbas creadas por Niki de Saint-Phalle, una escultora contemporánea de la que hablaré en el post sobre el Centro Pompidou. Para la muerte de su amigo Ricardo Menon creó una escultura de un gato sonriente con mosaicos de cerámica y para otro de sus amigos, Jean-Jacques que salió volando demasiado pronto, un pájaro como una vidriera tridimensional con fragmentos de espejo, engarzados en una estructura de hierro.

Tumba de Robert Thibier
Esta es la tumba de Robert Thibier, diseñador de muebles y decorador francés, esculpida por Alain Plouvier. El beso de Brancusi marca la tumba de Tania Rachevskaia, anarquista rusa que se suicidó por amor. 

El beso de Brancusi

Yo tenía muchas ganas de visitar este cementerio, de hecho me descolgué de mi grupo para ir y rendir homenaje a Julio Cortázar, y a La Maga donde quiera que esté, pero no llegué a encontrar su tumba. Quizá su espíritu vagaba por allí y quisiera gastarme una broma. Este cuervo me seguía y ya se sabe que Cortázar tradujo cuentos y poesías de Edgar Allan Poe, incluido El cuervo. 



miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cine: Florence Foster Jenkins de Stephen Frears (2016)

Florence Foster Jenkins tenía muchísimo dinero y le faltaba casi todo lo demás. Ha pasado a la historia por su voz chillona y chirriante y por su horrorosa manera de cantar. La primera vez que oí hablar de ella fue en un programa de radio que dejó de emitirse hace tiempo. Era Clásicos Populares, dirigido y presentado por Fernando Argenta. 

El programa tenía una sección que se llamaba ¿Hacemos cisco el disco? Creo recordar que, además de estas cantantes de ópera, con mucha voluntad pero sin ningún talento, se daba paso también a música chill-out y aquello que se llamó música de la Nueva Era, que para mí resultaba un poco desquiciante. Y creo que para Fernando Argenta también.


Florence Foster Jenkins pasó a la historia como un personaje friki. Pero evidentemente detrás de cada uno de estos personajes frikis, siempre hay una persona que actúa con lógica, aunque sea con una lógica propia que los demás no podemos entender. Queda claro también que el fenómeno friki, donde un individuo capta la atención de una audiencia por su notoria falta de talento, no es un invento de la televisión actual. Ya había muestras de ello en los años 1940, especialmente en Estados Unidos. Tenía que ser en Estados Unidos, donde el dinero es Dios y obtenerlo, sea como sea, una Religión.


Lo que hace esta película, precisamente, es humanizar al personaje, dentro de sus límites como ficción. Con un cariño indudable por Florence, Stephen Frears, la presenta como una excéntrica mujer adinerada, en los últimos años de su vida, apasionada por la música y con la suficiente fuerza y con grandes deseos para poder expresarse libre, aunque sea torpemente. Es una mujer emprendedora. Creó el Club Verdi, para que personas de la alta sociedad, pero musicalmente bastante incultas, asistieran a espectáculos teatrales que ella misma financiaba y protagonizaba.


Se trataba de representar escenas de las principales óperas y ballets, como tableaux vivants. También se ocupaba del diseño de vestuario y de las coreografías. Excéntrica, sí; pero también muy creativa. No hay que olvidar que tenía más de 70 años cuando murió, poco después de cantar en el Carnegie Hall de Nueva York, y que padeció toda su vida la sífilis que le contagió su primer marido a los 18 años.

La verdadera Florence Foster Jenkins
En la película se presenta el ambiente en el que vivió y los personajes, más o menos famosos que conoció y que se acercaban a ella cuando necesitaban dinero. Todos menos uno. Su marido tiene un gran protagonismo. Era también un actor mediocre pero que ejerció durante toda su vida como ángel de la guarda de Florence. Él se encargaba de la promoción de los espectáculos y de “contratar” a los periodistas que debían escribir las críticas halagadoras sobre los espectáculos. El problema se presentó cuando Florence quiso cantar además de representar cuadros vivos.


El marido se llamaba St.Clair Bayfield y estuvieron juntos 30 años, a pesar de mantener una relación de abstinencia sexual debido a la enfermedad de ella. Hugh Grant se encarga de darle al personaje su especial toque británico y una ternura infinita en su relación con Florence (Meryl Streep).


No sabría decir si Florence era consciente de sus nulas capacidades para cantar y le importaba un pimiento porque quería vivir y transmitir su pasión por la música o si vivía las consecuencias de un delirio mental producido por la sífilis. De cualquier manera, no perjudicaba a nadie y, sin embargo, fue objeto de burla alguna vez, aunque su marido estuviera allí siempre para protegerla. Al final de la película, antes de su muerte, Florence dice dicen que no sé cantar, pero en realidad lo he hecho en el Carnegie Hall. Fue su sueño cumplido.


La película es una biopic clásica que da mucha importancia a la puesta en escena, un poco teatral, y sobre todo se apoya en las magníficas interpretaciones de Meryl Streep, Hugh Grant y de Simon Helberg que interpreta al pianista que siempre acompañó a Florence. 



Dirección: Stephen Frears
Guion: Nicholas Martin
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Danny Cohen
Intérpretes: Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg, Nina Arianda, Rebecca Ferguson. 

lunes, 13 de noviembre de 2017

Novela: El verano sin hombres de Siri Hustvedt (2011)

La autora.-
Siri Hustvedt es ensayista, novelista y poeta. Ha publicado ya bastantes libros, la mayoría ensayos sobre feminismo, arte y ciencia, aunque pocos de ellos están traducidos al castellano, lamentablemente. Su último libro publicado en castellano es un ensayo: La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres.  

Mi opinión.-
Debido a la preocupante falta de espacio en mi casa para albergar más libros y también a mi precaria situación económica, cuando me interesa un autor ahora recurro a las bibliotecas públicas de Zaragoza para leer antes de comprar. Así me encuentro con gratas sorpresas como esta novela, El verano sin hombres.

Mía Fredricksen tiene 55 años, es una poetisa reconocida que lleva casada 30 años con Boris, hasta que un día, este Boris decide que está cansado y necesita una pausa. La “pausa” es una joven francesa que no tiene más relevancia en la novela. Sin embargo, esto para Mía supone una debacle. Aunque es una mujer de finales del siglo XX o principios del XXI, que ha desempeñado su profesión y ha vivido en un ambiente aparentemente igualitario respecto a las relaciones de género, todo su mundo se viene abajo y su salud mental también.

Después de salir de la clínica psiquiátrica regresa a su pueblo natal, con su madre. Allí tendrá la oportunidad de conocer a las “Cisnes”, amigas de su madre que han formado un peculiar club de lectura. También podrá dar clase de creación literaria a unas adolescentes, inseguras, oscuras y agresivas como son todas las adolescentes. Y por último, se encontrará también con una vecina casada, joven y con dos niños y una considerable dependencia emocional y económica respecto a su marido, inseguro y violento.

El encuentro con las ancianas “cisnes” supone para Mía mirar abiertamente los estragos de la vejez y enfrentarse con la muerte y también con una generación de mujeres que no han podido expresarse libremente. Abigail sería la representante clara de esa generación de mujeres silenciadas. Toda su vida ocultó que había estado enamorada de otra mujer. Pero para expresarse ha utilizado otra táctica: se permite bordar lo que ella llama divertimentos. En ellos oculta/revela su verdad.

La novela es muy interesante. La protagonista se coloca en el papel de cronista de las realidades de esas mujeres de diferente edad a una cierta distancia pero también es capaz de autoexaminarse constantemente con esa misma distancia, con humor y a veces con un poco de cinismo. La acción, durante el verano, discurre lentamente pero no se hace pesada. Al mismo tiempo Mía intercala sus recuerdos.

También autoexamina a su marido y la larga relación que han mantenido, y esto le sirve para, caústicamente, teorizar sobre las dependencias emocionales de los hombres y las diferencias sexuales, biológicas y psicológicas con las mujeres. La manera diferente en que ambos entendemos el amor, la intimidad y, a fin de cuentas, la vida.

Hustvedt refleja el caos interior que vive Mía después de ser abandonada por su marido a través de esta narrativa en primera persona, con sus recuerdos y también con cartas y correos electrónicos, disquisiciones teórico-filosófico-psicológicas y también ingenuos dibujos de la propia autora. A mí lo que me parece más importante de ese excepcional verano, no es que Mía, en su edad adulta, viva sin hombres sino que se rodea especialmente de mujeres en momentos cruciales de su adolescencia, juventud y vejez. Muy recomendable.




El verano sin hombres 
Siri Hustvedt 

Trad.: Cecilia Ceriani

Ed. Anagrama 

viernes, 10 de noviembre de 2017

Panteón de París. Agosto 2017

El Panteón fue construido entre 1764 y 1790. Luis XV se recuperó de una grave enfermedad y prometió construir una basílica para albergar los restos de Santa Genoveva, patrona de París, a la cual se había encomendado. Como consecuencia de problemas financieros las obras se dilataron considerablemente y cuando llegó el momento de consagrar la iglesia la Revolución Francesa y su culto a la razón y al laicismo habían triunfado.


Por ello en 1791, se convirtió en mausoleo para los grandes hombres de Francia; pocas mujeres “se alojan” allí. La primera en llegar fue Marie Curie en 1995 y, hasta ahora, no hay muchas más. Volvió a ser iglesia durante el imperio de Napoleón, después otra vez mausoleo y se le llegó a llamar Templo de la Humanidad. En 1873, se proyectó su decoración interior a cargo de Puvis de Chavannes y como consecuencia del fuerte conservadurismo de la época, se trató de reafirmar el carácter católico y monárquico de Francia, resaltando las figuras de tres reyes, Clodoveo, Carlomagno y San Luis y de tres santos católicos, Saint Denis, Santa Genoveva y Santa Juana de Arco.


Así fue pasando el siglo XIX, hasta que finalmente en 1885, con la inhumación de los restos de Víctor Hugo quedó, definitivamente, como templo laico dedicado Aux grands hommes, la patrie reconnaissante. En algún momento habrá que cambiar la inscripción.

Juana de Arco en el sitio de Orléans. Lenepveu, 1886-1890

En el lugar proyectado como altar mayor por Soufflot, se instaló en 1913 un altar republicano y hoy, desde 1920, se puede ver un sobrio altar laico, dedicado a la gloria de la Convención Nacional, una asamblea constituyente, principal institución de la Primera República, entre 1792 y 1795.



Se encuentra en el Barrio Latino, muy cerca de la iglesia de Saint Étienne du Mont y la Sorbona. Fue proyectado por el arquitecto neoclásico más famoso de la época, Soufflot (aunque terminado por su discípulo, Randelet) y con la majestuosidad del edificio se quería emular a la basílica de San Pedro de Roma y la de San Pablo en Londres.


Destacan en su exterior la cúpula y el peristilo de columnas corintias acanaladas. En el bajo relieve del frontón triangular, realizado por D’Angers, se puede reconocer a Voltaire y a Napoleón. En el interior, en el centro de la cúpula, cuelga el Péndulo de Foucault, utilizado para demostrar la rotación de la tierra. Es una réplica colocada en 1995 del péndulo original instalado en 1851.

El péndulo de Foucault

Aunque la mayoría de los enterramientos están en la cripta, también existen monumentos funerarios en la propia basílica y entre ellos el monumento A los héroes desconocidos, a los mártires ignorados muertos por Francia, esculpido por Henri Bouchard y colocado allí en 1924. En su base, la escultura yacente de un poilu, soldado de infantería, recuerda a todos los soldados franceses muertos en las diferentes guerras. También hay placas que recuerdan a personajes importantes como Antoine de Saint-Éxupéry o, incluso, el corazón (en una urna) de León Gambetta, político de la Tercera República.





La cripta también es enorme. En realidad ocupa toda la planta sótano del edificio. Filósofos, hombres de estado, militares, resistentes, héroes, una científica, escritores, todos, a pesar de sus discrepancias, pueden descansar allí. De momento. Hay sólo cinco mujeres enterradas allí, aunque sería mejor decir "recordadas". 



Entre ellas está Geneviève de Gaulle-Anthonioz, perteneciente a la resistencia francesa durante la II Guerra Mundial y deportada al campo de concentración de Ravensbrück, dedicó toda su vida a la lucha por los derechos humanos. Murió en el año 2002 y, en realidad, no está enterrada en el Panteón. En 2015, François Hollande propuso su traslado al Panteón junto con el de la etnóloga y también miembro de la Resistencia, Germaine Tillion, pero sus familias prefirieron que sus restos siguieran en los respectivos panteones familiares. Así, en los catafalcos de la cripta sólo hay un poco de tierra sacada de sus tumbas. Simone Weil, abogada y política francesa, también superviviente del holocausto, será la última mujer enterrada allí.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Ensayo: Los hombres me explican cosas de Rebecca Solnit (2014)

La autora.-
Rebecca Solnit nació en Connecticut en 1961, pero se trasladó enseguida a California. Como ella misma se define en su página web, “es un producto del sistema público de educación”. Ha escrito sobre arte, feminismo, indigenismo, cambio social, sociedad civil y también resiliencia frente a desastres. Otras obras suyas son: The mother of all questions, A Paradise built in hell, Savage Dreams, Wanderlust. Lamentablemente sólo éste último está traducido al castellano.  Rebecca Solnit


Mi opinión.-
En A Paradise built in hell, Solnit abordaba la extraordinaria fuerza y capacidad de las comunidades ante desastres. Escribió entonces “Lo que ocurre en los desastres demuestra el triunfo de la sociedad civil y el fracaso de la autoridad institucional”. No estoy plenamente de acuerdo con esta frase pero sí que creo que es tiempo ya de reivindicar la mayoría de edad de la sociedad civil.

Este libro, Los hombres me explican cosas, es una recopilación de artículos y ensayos publicados individualmente en la prensa. Se editó en principio en ebook, pero enseguida pasó al papel. Ha tenido una gran difusión. Además se considera que, gracias a estos artículos, nació el neologismo mansplaining. No tiene todavía una traducción exacta al castellano, pero podríamos considerar que el manspreading, el “despatarre masculino en transporte público”, recientemente de moda también, es una de sus variantes. Así que, tirando un poco de humor feminista, podríamos traducir mansplaining como “despatarre verborreico”.


Este es el tono que mantiene el libro. Habla de cosas atroces que les ocurren a las mujeres pero no abandona un cierto sentido del humor y, por supuesto, la esperanza. Desde el silencio a la violación y la muerte, la autora analiza toda una serie de situaciones en las que la mujer es obligada y, sobre todo, es educada para retroceder. Para demostrar su modestia, para no herir la sensibilidad del hombre, para ocultar sus carencias educativas o por cualquier otra razón.

En Mad Men ella explicaba cosas
El caso es que ese paso atrás ha sido una ventaja regalada a los hombres. Una ventaja brutal y terrible. Leo ahora mismo que una mujer de 47 años fue golpeada hasta la muerte por su expareja, un hombre de 80. Un anciano, supongo que con sus fuerzas considerablemente mermadas por la edad, pudo matar a una mujer adulta sin que ésta se defendiera. No creo que sean necesarias más pruebas de la educación para la indefensión que hemos recibido, en todos los ámbitos.

Déjame explicarte porqué estás equivocada
Los hombres nos explican cosas con condescendencia, nos permiten que ocupemos parte de su espacio, nos corrigen aunque no estemos equivocadas, nos llevan por el camino que quieren. Todas hemos vivido estas experiencias. Yo puedo mencionar dos. Asisto a un taller de lectura todos los meses y entre las cincuenta mujeres hay pocos hombres, tres o cuatro como máximo. Bueno pues esos tres o cuatro siempre dan su opinión, pero la mayoría de las mujeres calla ¿Por qué?


El segundo ejemplo queda más atrás en el tiempo, hace unos 25 años. Acababa de sacarme el carnet de conducir y tenía mi coche aparcado cerca de casa. Estaba maniobrando para sacarlo e irme donde fuera cuando llegó un amable vecino y empezó a indicarme cómo tenía que aparcarlo. Por supuesto que no le contradije y volví a aparcar para no herirle y no ser maleducada ¿Por qué?


En este libro hay varias explicaciones. Una de ellas es que las mujeres son vistas como seres no creíbles y no fiables. Así desde Eva o desde que Cassandra rechazó los avances sexuales de Apolo. Éste la maldijo. Le dio el don de la profecía pero al mismo tiempo la castigó para que nadie la creyese. Pero también porque a los hombres se les educa en la exclusividad y la arrogancia, en no tener que escuchar a nadie que no sea varón, blanco, adulto y, hasta hace poco tiempo, homosexual.


Esa arrogancia y esa sobreocupación del espacio público pueden degenerar en la violencia, el maltrato y la muerte de las mujeres. No son compartimentos estancos sino puntos de una línea continua de desprecio hacia las mujeres. Ocupar el sitio público que nos pertenece, simplemente por haber nacido en este mundo, ha sido una lucha constante y lo sigue siendo. Los ejemplos más recientes son los de mujeres que intentan hacerse hueco como ilustradoras de cómic o en el ámbito de los juegos en red. No son muy bien recibidas como tampoco lo fue Charlize Theron en Mad Max. Furia en la carretera, y su supuesto tono feminista.


Vivimos en un tiempo de fundamentalismo capitalista. Poco podemos hacer si nos enfrentamos a ese Saturno que devora implacablemente a sus hijos y más aún a sus hijas, pero hay esperanza. La esperanza puede estar en caminar en la incertidumbre y el cuestionamiento sin adorar falsos y voraces dioses y entender que la lucha emprendida por mujeres hace 150 años, ha sido la revolución blanca más consolidada e incruenta de la historia.

Siempre tengo la razón y sé más que tú

El feminismo no pretende liberar a las mujeres. El feminismo libera a los hombres y a las mujeres. A ver si de una vez lo entendemos. Lectura muy recomendable, éste y el resto de sus libros. 



Los hombres me explican cosas
Rebecca Solnit
Trad. Paula Martín
Ed. Capitán Swing