miércoles, 20 de septiembre de 2017

Cuento: Las dos orillas de Alejandro Palomas, ilustrado por Fernando Vicente (2016)

El autor.-
Alejandro Palomas
Alejandro Palomas estudió filología inglesa en la Universidad de Barcelona y Máster en Poética por el New College de California. Ha trabajado también como traductor y colaborador en medios de comunicación. En 2016 fue Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Otras obras suyas: Una madre, Un hijo, Un perro. 

El ilustrador.-
Fernando Vicente es un pintor e ilustrador de formación autodidacta. Empezó a trabajar durante la Movida madrileña en la revista La luna de Madrid. Sigue trabajando en prensa diaria y revistas, también ha diseñado portadas de discos y libros. Ha realizado varias exposiciones y editado clásicos ilustrados, especialmente Cumbres borrascosas, Drácula o Peter Pan.

Fernando Vicente

Mi opinión.-
Aunque últimamente se habla bastante de Alejandro Palomas este es el primer libro que leo de este autor y tengo que confesar que lo compré porque está ilustrado por Fernando Vicente. No es que sus novelas no me interesen, especialmente El perro, que tengo ya comprada y en lista de espera, pero también me da un poco de miedo que sea una literatura demasiado sensiblera.


Tengo cierta prevención que, desde luego, me propongo superar y que, en cierta medida, es consecuencia de mi adoración por los perros. Hace ya muchos años que no tengo ninguno (la muerte del último fue devastadora) porque no podría dedicarles el tiempo que merecen ni mi casa está acondicionada para que puedan vivir con una mínima dignidad, pero sigo echándoles de menos.


De eso trata este libro que se inspira directamente de la novela Un perro. De la pérdida, de la despedida y del duelo. Pero también les da a los perros el rango que merecen como miembros de pleno derecho de la familia que se compromete a cuidarlos.


Fer ha perdido a su perro Max, un gran danés imponente y no se hace a la idea aunque desde hace unos meses Rulfo, un Golden retriever es su nuevo compañero. El día de su cumpleaños Fer entenderá que tiene que despedirse de Max para que los dos puedan recordarse mutuamente y al mismo tiempo seguir su camino. Desde su desaparición, Max está en la Orilla de los Ausentes porque cuando los perros mueren se convierten en ausencia y aunque  él desea pasar a la Orilla del Consuelo, no puede hacerlo hasta que Fer acepte su muerte y se despida de él. Como Fer no puede hacerlo solo será Rulfo quien le ayude.


Es un cuento sencillo, muy emocional pero que no provoca la lágrima fácil y las ilustraciones de Fernando Vicente lo completan de una manera muy elegante. 


lunes, 18 de septiembre de 2017

Novela: El cuento de la criada de Margaret Atwood (1985)

La autora.-
Margaret Atwood es escritora, profesora y activista social y política. Pertenece también a Amnistía Internacional y ha sido durante muchos años, y espero que siga siéndolo, candidata al Premio Nobel. En 2008 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y años antes también había recibido el Premio Booker, por El asesino ciego, el único libro que había leído suyo hasta ahora. Otras obras suyas son: Por último, el corazón, Nada se acaba, La maldición de Eva. 

Mi opinión.-
Nunca hasta ahora había estado leyendo una novela y viendo su adaptación en serie de televisión al mismo tiempo. No me ha pasado nada. No he tenido un cortocircuito ni una sobredosis. Todo bien. Debe de ser porque la adaptación era muy fiel a la novela y la novela espléndida. Ambas se complementan perfectamente.


Se la considera una distopía feminista pero yo no estoy nada de acuerdo con esta afirmación. Es una distopía sobre el sometimiento de las mujeres, y en menor medida también de los hombres, y de su capacidad reproductiva a un sistema político patriarcal, fascista que, o bien se inspira en el fanatismo religioso o bien utiliza la religión para imponerse. Y tampoco se la puede considerar como una proyección del futuro que nos espera, puesto que para algunas mujeres ese es su presente. Ya, en algunos países, las mujeres son valoradas, sus vidas están condicionadas y su capacidad reproductiva sigue controlada por los hombres y explotada en su propio beneficio. Así que yo consideraría que se trata de una ficción social con posibilidades de realización en un futuro.


En la novela predomina el monólogo interior y los flashbacks y únicamente conocemos el punto de vista de una de las criadas, Offred, antes llamada June, que, desde su situación actual, destinada como sirvienta reproductiva en casa de uno de los comandantes, recuerda su vida anterior (nuestra vida actual en cualquier país occidental) y también el proceso de adoctrinamiento que ha sufrido bajo el nuevo régimen. A mí me hubiera gustado que profundizase más en esas estrategias de adoctrinamiento y también me gustaría que, en el título se sustituyese criada por sirvienta, porque, en realidad, su posición social está únicamente determinada por su servicio como animal procreador.


Para las criadas las estrategias de adoctrinamiento, casi en exclusiva, se basaban en castigos corporales. Frente a la rebeldía, la desobediencia o la huida, existe una amplia variedad de castigos: desde romper las plantas de los pies con una vara a arrancar uno de los ojos o el clítoris, siempre cuidando de no dañar la capacidad reproductiva. Sin embargo, no sabemos nada de cómo se adoctrina a las otras mujeres ni a los hombres. En la serie de televisión, sí que algunos personajes que rodean a Offred tienen más relevancia y conocemos su historia por ellos mismos, en lugar de verse reflejados únicamente en los recuerdos de Offred. 


En Gilead, los antiguos Estados Unidos de América, después de unas guerras civiles y ciertas amenazas terroristas, se impuso este nuevo régimen fundamentalista y policial que jerarquiza exhaustiva y rígidamente las relaciones sociales, tanto individuales como colectivas. Por supuesto, los dirigentes son varones, blancos, de cierta edad y heterosexuales y deben de tener hijos, lo cual no es muy fácil. No se sabe por qué los índices de natalidad decrecen continuamente. Por esto, las mujeres fértiles, las criadas son destinadas a hogares de parejas no fértiles y son adoctrinadas para gestar, parir y entregar a los hijos que engendren con el dueño de la casa. Aunque son de exclusiva propiedad de éste, están bajo la tutela y vigilancia de la esposa.



Gilead, esta nueva sociedad más perfecta, se caracteriza por la existencia de una férrea jerarquía social. Las personas son ubicadas por el régimen en compartimentos estancos, en castas que no permiten ninguna fluidez. En cuanto al género femenino, en el puesto preeminente de esta jerarquía están las esposas. Educadas, en la obediencia y el silencio, para asistir y soportar la Ceremonia, la violación ritual con fines únicamente reproductivos entre el amo y la criada. A veces víctimas del régimen, a veces cómplices. En segundo lugar, están las criadas. Destinadas temporalmente a estos hogares nada más que para parir, son trasladadas a otros para evitar crear lazos emocionales. Para el régimen son mujeres descarriadas (lesbianas, divorciadas, mujeres sin hijos que priorizaban sus carreras profesionales), pero de gran valor por ser todavía fértiles. Las martas en tercer lugar son las mujeres trabajadoras; las tías, son las encargadas de adoctrinar a las criadas. Fuera de estos roles están las no-mujeres, las econoesposas y también las escasas viudas, aunque en la novela se insinúa que éstas últimas sufren algún tipo de exterminio programado.


Sabemos poco de los hombres de Gilead. Aparte de los comandantes, dirigentes del nuevo régimen, están los ángeles, soldados a los que se les permitirá casarse en un futuro y también los ojos, espías ocultos por todas partes, como corresponde a un estado policial. De lo poco que sabemos de ellos es que mantienen algunas costumbres antiguas, como irse de putas. Las putas ni siquiera existen en la jerarquía social de Gilead.


Respecto a la serie de televisión, tengo que decir que también me ha gustado mucho. La adaptación es muy fiel. Respeta en todo momento el monólogo interior y los flashbacks de la novela y recrea también ese ambiente de angustia y monotonía que vive la criada encerrada en su habitación, con luz y ventilación escasas y con unos primerísimos planos de la actriz asfixiantes. Aunque considero que hay una diferencia esencial. En la novela, Offred se acuerda con frecuencia de su madre, una feminista militante, que le advertía constantemente de que nunca los derechos obtenidos luchando están consolidados. Sin embargo, en la serie se da más importancia a los recuerdos sobre su marido. 


La interpretación de Elisabeth Moss es subyugante y la aportación de la fotografía muy cuidada está inspirada en los paisajes de Vermeer. Quizá el intenso color escarlata de las túnicas de las criadas sea una referencia a La letra escarlata de Hawthorne. También la música, muy actual y combativa, complementa perfectamente la narración. Y otra baza importante es la posibilidad de contrastar en tiempo real los pensamientos de Offred y su actitud exterior; de manera que, a veces, asistimos a situaciones de verdadero humor negro y cinismo, que la salvan de la desesperación y que son muy importantes para la estrategia de supervivencia que Offred se ha impuesto. Sin embargo, no me ha gustado esa tendencia a embellecer que, por norma, tienen la televisión o el cine. En este caso, en la novela la pareja de dirigentes asignada a Offred es bastante mayor que ella y poco agraciada. Cabello gris y cuerpo poco atlético para el amo y cierta minusvalía para la esposa, que debe moverse con muletas. En la televisión, por el contrario, la pareja está interpretada por Joseph Fiennes e Ivonne Strahovski, dos bellezones, y se insinúa un triángulo, más o menos erótico, entre ellos.


Lo más sorprendente para mí es que, en esta primera temporada, se ha adaptado toda la novela, así que me intriga mucho qué se va a hacer para la segunda temporada y en qué medida va a intervenir Margaret Atwood en ella. Hipótesis diferentes: Offred es transferida a otra familia y su tortura vuelve a empezar o se une a la resistencia o, chantajeada con la posibilidad de recuperar a su hija, llega a ser dirigente de este nuevo régimen. No sé. En cualquier caso, tanto la novela como la serie de televisión son muy recomendables. 



El cuento de la criada 
Margaret Atwood
Traducción: Elsa Mateo Blanco

Ed. Salamandra 

Camino de Santiago, Vía aragonesa. Cuarta etapa: Santa Cruz de la Serós-Santa Cilia

Cuarta etapa ya del Camino de Santiago por la vía aragonesa. Esta vez ha sido una etapa cómoda, poco más de seis kilómetros, así que aprovechamos para hacer una etapa más cultural. Visitamos los dos monasterios de San Juan de la Peña y varias iglesias en Santa Cruz de la Serós, Binacua y Santa Cilia, donde terminó la etapa.

Réplica del considerado Santo Grial
Según la leyenda, en el siglo VIII, los zaragozanos Voto y Félix perseguían a un ciervo por esos parajes cuando, a punto de despeñarse invocaron a San Juan que les salvó del peligro. Descubrieron entonces una senda que les llevó a la tumba de Juan de Atarés, un ermitaño. Sintieron la llamada de la fe y decidieron retirarse a esa misma cueva-ermita. A ellos les siguieron otros y ese fue el origen legendario de uno de los monasterios más poderosos de Aragón.

Detrás de la capilla de San Victorián
Lo cierto es que con la invasión musulmana la población fue retirándose a las zonas montañosas más inaccesibles para protegerse a sí mismos y a su religión. Pero ya en el 920, el conde Galindo Aznárez II de Aragón conquistó esas tierras y fundó el monasterio (donde había restos de una ermita) dedicado a los santos Julián y Basilisa. De esta época, subsiste la pequeña iglesia mozárabe. Tiene dos naves separadas por arcos de herradura y en los ábsides se conservan pinturas murales sobre el martirio de los Santos Cosme y Damián, del siglo XII y como se ve en la foto las filtraciones de agua han “construido” también una estalagmita.

La estalagmita

Una de las naves de la iglesia mozárabe
Del siglo XI es la sala del concilio, que también se utilizaba como dormitorio de los monjes. Y en ella se ve perfectamente cómo se utilizó la pared de roca para apoyar los arcos. Sancho Ramírez, rey de Aragón, en 1071 amplió el monasterio y lo dedicó a San Juan, para que fuera el primer panteón de los reyes de Aragón. El reino de Aragón entonces era muy pequeño y débil pero Sancho Ramírez había buscado la protección del Papa haciéndose su vasallo. Como consecuencia de esto el rito romano sustituyó a la antigua liturgia mozárabe hispana que, en festividades especiales, sigue utilizándose en algunas iglesias y catedrales españolas, como la Iglesia de Santa Engracia en Zaragoza.

Sala del concilio
Siguiendo con el monasterio, la Iglesia y el claustro nuevos se construyeron encima de las dependencias más antiguas y bajo la misma peña que, incluso forma el techo de la iglesia. Quedaban así más ventiladas pero casi igual de húmedas y frías. Se conservan en esta planta alta también, el Panteón de Nobles en el que se enterró al Conde de Aranda, ministro ilustrado de Carlos IV; el horno y las antiguas fosas y laudas sepulcrales de los reyes de Aragón, trasladados después al Panteón Real del siglo XVIII; un pequeño museo; y sobre todo el claustro románico del siglo XII que es la joya del monasterio, con las capillas de San Victorián, gótica, y de los santos Voto y Félix, neoclásica. Destacan especialmente los capiteles del claustro, labrados con mucho detalle y gran expresividad.

Restos de pintura en la iglesia mozárabe
Fue un monasterio muy rico pero también tuvo numerosos pleitos con los obispados de Huesca, Pamplona y Zaragoza. Así que entre períodos de esplendor y decadencia, en 1675 se produjo un incendio de tres días, en el que se perdieron varias dependencias del monasterio y también el archivo real. Se abandonó este monasterio y comenzó la construcción del nuevo, en la pradera de San Indalecio, ocupado por los monjes desde 1682 hasta 1835.

Capitel de la resurrección de Lázaro

En esta pradera se reunían todos los pueblos de la zona en romería para cumplir con el voto de San Indalecio que consistía en dar una parte de cereal al monasterio para que el santo asegurase una buena cosecha. Cada uno de ellos tenía su propio árbol en la pradera donde sentarse a comer y descansar. Hoy quedan pocos árboles pero la romería se sigue celebrando en la primera quincena de junio.

Fachada de la Iglesia del Monasterio nuevo

Comparado con el monasterio viejo, el nuevo no tiene tanto encanto ni tanta magia. Es mucho más grande, organizado más racionalmente y construido en ladrillo, excepto la fachada de la iglesia en piedra tallada con variada ornamentación vegetal y tres hornacinas con santos. Hoy también es una hospedería que parece que no termina de consolidarse y un original Centro de Interpretación. Bajo el suelo de cristal, que produce cierto vértigo, pueden observarse las dependencias del monasterio, con muebles y utensilios varios, “habitadas” por algunos monjes blancos que sorprenden.

Difícil fotografiar con tanto reflejo
La siguiente iglesia que visitamos fue la de Santa Cruz de la Serós. A finales del siglo X y a pocos kilómetros de San Juan de la Peña Sancho Garcés II fundó este monasterio de monjas benedictinas del que sólo queda la Iglesia. Doña Sancha, hija, hermana y tía de reyes aragoneses a quien se encomendó su educación, fue una mujer muy influyente que, incluso, fue nombrada obispo de Pamplona. Ingresó como abadesa poco después de quedarse viuda y esta fue una de las épocas de mayor esplendor. 

Santa María en Santa Cruz de la Serós


En el siglo XVI las monjas se trasladaron a Jaca debido a la reforma tridentina que trató de controlar férreamente a las órdenes religiosas y el monasterio se fue arruinando. La iglesia tiene una sola nave con un ábside semicircular; en las dos capillas se conservan un retablo barroco y otro gótico. Este último está dedicado a la virgen y en La Visitación tanto la Virgen como Santa Isabel muestran claramente sus embarazos.


Binacua fue la siguiente parada. Un pueblo de escasos habitantes y muy cercano a Santa Cilia. Con una iglesia parroquial románica muy pequeña, la Iglesia de los Santos Ángeles Custodios del siglo XII. Parte del exterior del ábside está decorado con arquillos lombardos. El tímpano sobre la única entrada tiene un crismón trinitario muy sencillo y dos discos con animales y arquivoltas con ajedrezado y bolas jaqueses. Lo más curioso de esta iglesia es este sillar colocado de manera horizontal en el muro norte. Una figura de un hombre, muy esquemática, parece estar alanceando un dragón y eso induce a pensar que sería San Jorge, lleva un bordón de peregrino con forma de tau. Otro detalle especial es que el dragón tiene forma de media luna. Románico aragonés. Es precioso.



Para terminar llegamos a Santa Cilia (que ya no se llama de Jaca) para terminar la etapa. El pueblo está a orillas del río Aragón que apenas llevaba caudal. El primero que nos recibió allí fue este peregrino que marcaba el camino hacia el albergue. Se ha rehabilitado como tal la antigua casa parroquial. En la planta alta se ha instalado un pequeño Centro de Interpretación con rincones dedicados al laberinto, al juego de la oca o a los símbolos; todo ello muy relacionado con el Camino de Santiago. 


El nombre de Santa Cilia deriva de Santa Cecilia un pequeño monasterio relacionado con el Monasterio de San Juan de la Peña; todavía se conserva una casa-palacio con el escudo del monasterio. La iglesia parroquial de San Salvador ha sido restaurada recientemente y lo que más me gustó fue la talla de la Virgen de la Peña, cuya ermita sigue colgada de las rocas, en el pico Cuculo. 

Iglesia Parroquial y Virgen de la Peña



Al principio hacía frío, viento y también llovió. Cuando terminamos de caminar el cielo quedó así. 


Fue una etapa sencilla en la que casi no pude asimilar toda la información de las diferentes iglesias que nos dieron. Me dan ganas de repetir. Aunque ahora tengo que preparar la quinta etapa, 23 de septiembre: Santa Cilia-Martés. 

Seguimos caminando

viernes, 15 de septiembre de 2017

Exposición: Los pilares de Europa. La Edad Media en el British Museum. CaixaForum Zaragoza

Entre el esplendor de la Edad Antigua de los Grandes Imperios y el Renacimiento, se desarrolló esta época subestimada por muchos. Y es que para ellos, la Edad Media era un período histórico donde primaba la oscuridad, la superstición y la ignorancia. Sin embargo, tampoco es muy difícil entender que en un espacio de tiempo tan dilatado, entre los siglos V y XV, todo no era obscurantismo, como demostrarían las artes y las ciencias desarrolladas entonces. 


En esta exposición se ha resaltado lo que es común a la tradición europea, prestando menos atención a las especialidades de los distintos reinos. Así la exposición se apoya en las figuras más emblemáticas de la época, caballeros, reyes y clérigos, y los espacios que frecuentaron, la corte, la guerra y la ciudad.

Virgen y Niño, segunda mitad siglo XII

El Imperio Romano había muerto de éxito. Llegó a ser tan extenso y tan variado que fue imposible de controlar. Las invasiones bárbaras también contribuyeron a ello y así Europa se fue fragmentando en lo que después llegarían a ser reinos independientes. Pero esta disgregación por supuesto no fue pacífica y los territorios se perdían y se ganaban en cruentas batallas dirigidas por los caballeros. Como la guerra era cuerpo a cuerpo comenzaron a desarrollarse, como protección y después también como artículo de lujo y exhibición, las armaduras. He echado de menos en esta exposición poder ver alguna de ellas, al menos, una cota de malla.

Insignia de peregrino. Santo Tomás Becket
Aunque se ha intentado equilibrar la exposición, yo creo que la exhibición mayoritaria de piezas relacionadas con la religión es evidente. Desde esculturas como el Cristo de la iglesia de San Lorenzo de Carboeiro de 1200, sonriente, que a pesar de su tosquedad, me parece precioso, o una Piedad (1400-1500) que supondría el inicio de una forma de representación más realista, hasta piezas pequeñísimas como insignias o medallas, souvenirs de las peregrinaciones tan populares en esa época, pasando por imponentes anillos de clérigos y representantes papales o fíbulas, hebillas o colgantes hechos reutilizando monedas romanas. Suponen una variada representación en la que, sin embargo, no ha habido espacio para incluir evangelios o libros de horas. No sé si pensarán incluirlos en otra exposición.

Cristo, hacia 1200
También ha habido espacio en la exposición para incluir objetos de uso diario de las clases altas, por supuesto. Arquetas, estuches para espejos, aguamaniles y cuchillos que, muestran el refinamiento en las costumbres de la mesa propio de esta época. Los juegos amorosos, de caza o de estrategia, como el ajedrez, también tiene su sitio. Y las piezas como éstas están talladas con tanta delicadeza que, sin duda, pertenecieron a personajes muy cultivados.

Reina de ajedrez de marfil de morsa (1300-1500).
Rey del ajedrez de Lewis de marfil de morsa (1150-1200)
Como curiosidad, parece que las estrategias de cortejo que se iniciaron en esta época, todavía subsisten en nuestros días. Poemas y corazones se ofrecían al amado o a la amada, aunque no hubiera ninguna esperanza de consumar el amor. Las relaciones entre hombres y mujeres, jóvenes por supuesto, estaban muy vigiladas y estructuradas por el poder y la iglesia y el amor cortés se quedaba como mero artefacto literario y artístico, mucho más poderoso, cuanto más dramático fuera. Y como ejemplo, estos dos estuches para espejo. En el primero, aunque los caballeros estén batallando todavía queda tiempo para que un arquero dispare una flecha en forma de flor hacia una dama; en el segundo, un caballero ofrece su corazón a su amada. 

Marfil


Entre las piezas que más me han gustado está este unicornio, animal mitológico símbolo de la pureza y la virtud, tallado en hueso y que no llega a los 10 cm de longitud. Imagino que se utilizaría como aguja para sujetar el cabello o algún manto en ocasiones excepcionales y que no estaría al alcance de cualquier bolsillo.

Hacia 1500-1600
Otra pieza excepcional es este díptico que cuenta la pasión y resurrección de Cristo como si se tratara de un cómic, sólo que en lugar de estar dibujado está tallado en marfil y todavía conserva restos de color y un personaje que no he podido identificar pero que parece llevar los intestinos colgando. Maravilloso. 


Aunque las piezas expuestas proceden en su mayoría del British Museum también se han incluido otras de colecciones privadas y públicas españolas. Sin embargo, la presencia de piezas árabes, moriscas o mudéjares es muy escasa. Aunque, la influencia del Islam no se se extendió por toda Europa, creo que, al ser una exposición en España sí que debería haber tenido una mayor presencia.

Fragmento de friso (901-1000)

Los Pilares de Europa. La Edad Media en el British Museum
CaixaForum Zaragoza
Hasta el 29 de octubre de 2017


miércoles, 13 de septiembre de 2017

Museo del Louvre (París). Agosto 2017


En el siglo XIII fue una primitiva fortaleza construida bajo Felipe Augusto y a mediados del siglo XVI ya era residencia real. Sin embargo, la Convención revolucionaria lo destinó a museo desde 1793, alcanzando desde entonces fama mundial. En 1989, Mitterrand, que quería devolver a Francia su grandeur, inauguró el proyecto del Grand Louvre, doblando su capacidad. Esta última remodelación fue bastante problemática, puesto que, para evitar las aglomeraciones a la entrada, el arquitecto Ieoh Ming Pei proyectó una pirámide transparente con las proporciones de la de Keops, frente a la entrada principal. No todo el mundo entendió la audacia del arquitecto, ni la simplicidad y limpieza del diseño frente a la profusa decoración de las fachadas anteriores.  Actualmente, también se puede entrar al Louvre a través de la galería comercial del Carrousel, donde está la pirámide invertida.



Además del conjunto de edificios espectacular, lógicamente su contenido es mucho más atrayente e imposible de abarcar en una, dos, … o, incluso, cien visitas. Colecciones de arte prehistórico, egipcio, griego, etc, etc, los primitivos flamencos, el renacimiento, la pintura española barroca y yo me fijé, especialmente esta vez, en la pintura romántica francesa. Por supuesto la colección de esculturas también es de visita obligada y en la espectacular Galería de Apolo hay una muestra de joyas y vajillas pertenecientes a la monarquía francesa.


Como decía yo me quedo con la pintura francesa. Jacques-Louis David perteneció al movimiento neoclásico que trataba de revitalizar una pintura inspirada en la antigüedad, aprovechando que se habían descubierto las ruinas de Pompeya y Herculano; era una pintura sobria y que, también, apelaba a la razón y a la moral enfrentadas al libertinaje y las escenas galantes del rococó. A esta tendencia pertenece el retrato de Madame de Recamier que pintó en el año 1800.



Es una joven vestida con sencillez y elegancia, descalza, sin joyas ni adornos superfluos, gira su cabeza hacia el espectador con seguridad al mismo tiempo que, castamente, le da la espalda. Juliette Recamier era esposa de un poderoso banquero y mantenía un salón en París, en el que se reunían políticos e intelectuales. También fue amiga de Madame de Stäel y de Teresa Cabarrús. Sufrió las convulsiones de su época. Fue desterrada por Napoleón y al final terminó muriendo de cólera en París, pero su belleza ya había quedado inmortalizada de esta manera tan sencilla. Unos años después en 1814, Jean Auguste Dominique Ingres repetiría composición para su Gran Odalisca, de mirada mucho más inquietante y descarada.



Las crispaciones sociales y políticas del siglo XIX se vivieron especialmente en Francia. Habían aparecido nuevos sistemas de valores que trataban de indagar en cuál era el sitio del hombre en el mundo; tangencialmente también se cuestionaba el sitio de las mujeres en el mundo, aunque no tenía tanta propaganda. Como bien supo ver Goya, el sueño de la razón había dejado escapar a los monstruos y la naturaleza y las sociedades eran espacios donde también existía lo violento, lo salvaje, lo grotesco y lo irracional. El arte y, concretamente la pintura, exponían vehementemente estas convulsiones. Las pasiones y las emociones, el descontrol y el dolor, se unían en cuadros de gran formato en una especie de “horror delicioso”.


Para contrarrestar este ambiente desasosegante se revivió la pintura historicista. Antoine-Jean Gros fue discípulo de David y sus primeras obras tienen características neoclásicas pero también prerrománticas. Sin embargo, terminó siendo pintor casi propagandista de Napoleón. Le acompañaba en sus campañas militares y también fue elegido por él para seleccionar las obras que se integrarían en el Museo del Louvre. En Napoleón visitando a los apestados de Jaffa de 1804, sitúa al emperador en el centro del cuadro, sereno y magnánimo se atreve a tocar a uno de los enfermos de peste, mientras que su acompañante, otro militar, se tapa la boca con asco. En cierta manera, está deificando a Napoleón y parece situarle en el lugar de Cristo como un ser excepcional capaz de obrar milagros y curar a los enfermos. Gros se suicidó en 1835 pero entonces ya había ejercido una considerable influencia en otros artistas como Géricault o Delacroix.




Casi enfrente de Madame de Recamier, en el Louvre se encuentra La balsa de la Medusa de 1819, pintada por Géricault. Se puede notar todavía la influencia de David en el tratamiento de “esculturas” otorgado a los personajes, sin embargo, la temática es plenamente romántica. Después de su naufragio en 1816, los supervivientes de la Medusa se enfrentan a una naturaleza hostil y violenta. La composición en pirámide con su vértice dirigido hacia el cielo alude a la esperanza de la salvación, sin embargo el tono gris oscuro de las nubes parece indicar que, irremediablemente, los náufragos terminarán muriendo. Lo sublime es que, a pesar de las adversidades, los náufragos no se rinden a la muerte. El pintor quedó fascinado por esta historia y se preparó concienzudamente para retratar la piel, el color y la textura de la carne visitando enfermos agonizantes en hospitales y cadáveres en los depósitos.





En La libertad guiando al pueblo pintado por Delacroix en 1830 se repite la misma composición piramidal con la base apoyada en cadáveres. Sin embargo, los colores elegidos por el pintor y sobre todo la pincelada más suave y suelta son una clara manifestación de esperanza, gloria y libertad. La escena simboliza la revolución de 1830, Les trois glorieuses, que sustituyó la monarquía absoluta de Carlos X por la monarquía liberal de Luis Felipe I y terminó con la revolución de 1848. La muerte de Sardanápalo de 1827, es otro ejemplo de pintura romántica.


Estos son los cuadros que más me han gustado en esta visita aunque también he hecho las visitas obligadas. En escultura: La Victoria de Samotracia, la Venus de Milo, Diana Cazadora, Eros y Psique de Antonio Cánova, El hermafrodito durmiente sobre un colchón esculpido por Bernini. También La Gioconda y su corte de acosadores, quiero decir admiradores. Está escondida tras un cristal blindado, tras un cordón de seguridad y tras una horda de bárbaros que no ven nada y sólo quieren hacer una foto, bueno un selfie. No puedo entender por qué pasa esto, yo prefiero comprar la postal.